Del libro: “Frank Capra, El nombre delante del título”. Autobiografía. T&B Editores.
Cuando el aterrado público esperaba ver al inmenso King-Kong tomar entre sus manazas a la hermosa Far Wray, el gorila con paso firme salió de la pantalla, y pisoteando gente que no atinaba a ponerse a salvo, buscó por las calles neoyorquinas hasta que por fin dio con una película de Tarzán. Sin titubeos –y sin comprar boleto–, con toda fiereza, destrozando butacas y matando espectadores, se introdujo en el film y una vez dentro ansiosamente buscó su verdadero amor: Chita.
René Avilés Fabila.
Del libro: “Cuentos y descuentos”. Edit. UV.
El cine, en el mejor de los casos, no es solo ver una película. Es salir de casa con una ilusión insegura, tomar el metro, acercarse a la taquilla y a las luces de las carteleras, entrar en la sala, sumergirse en la penumbra. Ir al cine es la única manera de dedicarse exclusivamente a ver una película, igual que ir a un concierto lo aísla a uno de todo lo que no sea escuchar y ver la música.
Ir al cine es salir luego del cine y dar un paseo de vuelta comentando la película, o tomar algo en un sitio cercano y hablar de ella, con una cena ligera y un vaso de vino.
Antonio Muñoz Molina
(Fuente: antoniomuñozmolina.es)
Vamos mucho al cine, es mi hábito pernicioso.
Hemos ido al cine de vez en cuando: vemos cada porquería a veces…Pero cuando salgo del cine salgo fuera del mundo, ni siquiera reconozco las cosas. Hasta duele. Sólo deberíamos ir al cine por la noche y enseguida a dormir. Ir durante el día inutiliza el resto del día, de lo boba, tonta y narcotizada que me quedo.
Hemos ido como siempre al cine y salgo medio atontada, de tal manera estoy siempre dispuesta a perder la conciencia de las cosas y a entregarme a la inconsciencia. Sería estupendo un empleo de ir todos los días al cine y después no decir si me ha gustado o no.
He decidido ahora mismo ir al cine porque necesito volver al estado normal.
Para mí basta con ir al cine.
Del libro: “Queridas mías”. Edit. Siruela
Del libro: “Greguerías” de Ramón Gómez de la Serna. Edit. Cátedra.
Me enamoré de George Valentin.
@tuiteante escribió: “Iba a morir aferrado a una lata de película”.
Y yo añado: Su perro lo salvó.
Estoy hablando de esos vestidos de artista de cine que vemos en la pantalla, se los describimos a la modista y en la vida real no quedan bonitos.
El diseñador que dibujó el vestido para la pantalla sabe que será visto desde los ángulos más diversos y no sólo a la altura de nuestros ojos, como en la vida diaria. Sabe que será iluminado para conseguir efectos especiales. Muchas veces incluso los tejidos son fabricados especialmente para la película, mezclando hilos diversos (hasta de metal) para conseguir la especial fotogenia del conjunto.
El diseñador de la pantalla no crea sólo un vestuario. Es el creador de un personaje, un creador de la segunda piel del actor, y quien la admira es el espectador. Pero el mismo modelo, copiado para la vida diaria, puede perder la magia y convertirse en un trapo.
24 de octubre de 1960.
Clarice Lispector.
Del libro: “Correo femenino”. Edit. Siruela
(Fuente: twitter.com)