Pero las cosas demasiado perfectas tienen su contrapartida. Es ley de vida. “¿Qué clase de erecciones he experimentado desde entonces? No lo recuerdo”. Quizá no se había empalmado ni una sola vez. Dado que no se acordaba, si había tenido alguna erección, debió de ser de segunda categoría. Cinematográficamente hablando, habría sido como un mediometraje de bajo presupuesto de los que ponen en los cines en medio de esas viejas sesiones largas con el fin de completar la programación. No debían de haber sido erecciones relevantes. No lo creía.
“¿Y si tuviera que pasar el resto de mis días con erecciones de segunda categoría o, incluso, sin erecciones?”. se preguntó. Sin duda sería una vida triste como un ocaso prolongado. Pero, bien pensado, a lo mejor era inevitable. Al menos había tenido una erección y una eyaculación perfectas en su vida. Como el guionista de Lo que el viento se llevó. Tendría que contentarse con haber conseguido algo grande en una ocasión.
1Q84 Libro 3 de Haruki Murakami. Edit. Tusquets.