Estoy hablando de esos vestidos de artista de cine que vemos en la pantalla, se los describimos a la modista y en la vida real no quedan bonitos.
El diseñador que dibujó el vestido para la pantalla sabe que será visto desde los ángulos más diversos y no sólo a la altura de nuestros ojos, como en la vida diaria. Sabe que será iluminado para conseguir efectos especiales. Muchas veces incluso los tejidos son fabricados especialmente para la película, mezclando hilos diversos (hasta de metal) para conseguir la especial fotogenia del conjunto.
El diseñador de la pantalla no crea sólo un vestuario. Es el creador de un personaje, un creador de la segunda piel del actor, y quien la admira es el espectador. Pero el mismo modelo, copiado para la vida diaria, puede perder la magia y convertirse en un trapo.
24 de octubre de 1960.
Clarice Lispector.
Del libro: “Correo femenino”. Edit. Siruela